
Las elecciones de Estados Unidos: cuando el problema empieza después de las urnas
Como lo prometido es deuda —y en este caso la expresión tiene bastante más sentido del que nos gustaría— ha llegado el momento de llevar nuestra investigación sobre las próximas elecciones de Estados Unidos a su conclusión.
O, al menos, a una primera conclusión.
Porque sería ingenuo pensar que una investigación como esta termina el día de las elecciones.
Precisamente entonces comenzará otra historia.
Los próximos dos meses que tenemos por delante pueden ser extraordinariamente intensos. Pueden aparecer acontecimientos que nos obliguen a reajustar algunas de las hipótesis que hemos ido planteando y, probablemente, tendremos que hacerlo.
Eso forma parte de cualquier investigación seria.
No se trata de acertar a toda costa.
Se trata de observar, comprobar y corregir cuando los acontecimientos nos obliguen a hacerlo.
Y en Observatorio Tesalia hemos tenido además una circunstancia que no estaba prevista cuando comenzamos esta investigación: la participación de nuestros lectores.
Muchos habéis aportado ideas, preguntas y, sobre todo, vuestra propia curiosidad acerca de cómo podría terminar todo esto.
Gracias a tod@s.
Así que ha llegado el momento de hacer un pequeño compendio.
¿Qué tenemos realmente sobre la mesa?
Primero apareció Bessent
Cuando comenzamos esta investigación nuestra intención era estudiar la carta de las elecciones de noviembre.
Pero la propia investigación nos fue llevando por otros caminos.
Uno de ellos nos condujo hasta Scott Bessent.
Para muchos, un desconocido.
Para quienes seguimos los mercados financieros, una persona con una trayectoria considerable.
Y para la Administración Trump, actualmente, uno de los hombres fundamentales de su estrategia económica.
Bessent es el secretario del Tesoro de Estados Unidos y procede directamente del mundo de las grandes inversiones. El Departamento del Tesoro continúa situándolo al frente de esa institución y su actividad reciente demuestra hasta qué punto está implicado en cuestiones financieras internacionales.
Y entonces decidimos hacer algo que inicialmente tampoco estaba previsto:
levantar su carta natal.
Y ahí apareció una de las primeras sorpresas.
Bessent y Trump comparten una configuración Sol-Urano.
No es exactamente la misma posición zodiacal, pero sí la misma combinación simbólica: el Sol unido a Urano.
Una configuración que puede hablar de independencia, originalidad, ruptura con lo convencional y capacidad para moverse en escenarios cambiantes.
Después encontramos otros contactos interesantes entre ambas cartas, entre ellos el Marte de Trump sobre el Sol de Bessent y el Júpiter de Trump sobre Venus de Bessent.
No vamos a convertir estos aspectos en una prueba de nada.
Pero sí podemos hacernos una pregunta:
¿Es extraño que Trump haya depositado tanta confianza en alguien cuya trayectoria se encuentra tan vinculada al mundo financiero?
Probablemente no.
Y quizá sea precisamente ahí donde debemos mirar.
Y entonces apareció Kevin Warsh
Como si la investigación necesitara añadir otro personaje, apareció un segundo nombre fundamental:
Kevin Warsh.
Desde el 22 de mayo de 2026 es presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos.
Y aquí la película empieza a ponerse interesante.
Porque si Bessent ocupa la Secretaría del Tesoro y Warsh dirige la Reserva Federal, estamos observando dos instituciones diferentes y con funciones distintas, pero situadas en el corazón de la arquitectura económica estadounidense.
No son tres personas haciendo exactamente lo mismo.
Pero sí podemos observar un triángulo de poder económico en el que intervienen el Gobierno, el Tesoro y la política monetaria.
Esta es la plana mayor, de Trump en este momento.
Y mientras todo esto sucede, hay un problema que no necesita astrología para existir.
La deuda.
Estados Unidos acaba de superar los 40 billones de dólares de deuda nacional. El dato ya no pertenece al terreno de las previsiones: es una cifra que se ha alcanzado.
40 billones de dólares
Un segundo por favor, ¿alguien piensa, que esta deuda se puede pagar?
¿Imagináis los malabarismos que tiene que estar haciendo Bessent?, para pagar solo los intereses de semejante deuda.
Y aquí merece la pena hacer algo que hicimos en nuestra investigación anterior:
quitar ceros.
Porque cuando hablamos de 40.000.000.000.000 de dólares, el cerebro humano deja de trabajar.
Así que vamos a traducirlo a algo que podamos imaginar.
Según los cálculos publicados por el Joint Economic Committee, durante el último año la deuda estadounidense aumentó, como promedio, en aproximadamente:
91.549, dólares cada segundo.
Cada segundo.
No cada minuto.
No cada hora.
Cada segundo.
Ahora la cifra empieza a resultar un poco más comprensible.
Y también bastante más inquietante.
Naturalmente, una deuda de esta dimensión no significa que Estados Unidos tenga que sacar mañana 40 billones de dólares de una caja y entregarlos a alguien.
La cuestión es mucho más compleja.
Pero precisamente por eso es más interesante.
Porque cuando una economía acumula semejante volumen de deuda, los tipos de interés, los bonos, el dólar, la inflación, el crecimiento económico y la confianza de los inversores dejan de ser cuestiones separadas.
Todo comienza a formar parte del mismo problema.
Y aquí entra Bessent
Esto explica por qué hemos dedicado tanto espacio a Scott Bessent.
No porque sea el «hombre que controla todo».
Eso sería simplificar demasiado.
Sino porque ocupa una posición desde la que puede intervenir en cuestiones fundamentales de la estrategia financiera estadounidense.
Y en estos últimos meses lo hemos visto actuar precisamente en ese terreno.
Deuda, Bonos, Divisas.
Relaciones económicas internacionales.
Japón.
Irán.
Mercados.
El propio Tesoro ha utilizado herramientas de estabilización cambiaria y Bessent ha defendido públicamente intervenciones destinadas a evitar movimientos desordenados del yen que pudieran terminar afectando a los mercados internacionales.
Y mientras tanto, el mercado de deuda estadounidense atraviesa una situación especialmente delicada.
Los rendimientos de los bonos a largo plazo han subido con fuerza y el bono estadounidense a 30 años ha llegado a superar el 5,2 %, mientras los inversores vigilan especialmente la evolución del déficit y del coste de financiación de la deuda.
Aquí aparece una cuestión que me parece fundamental.
¿Cuánto tiempo puede mantenerse una situación de este tipo sin que el mercado termine imponiendo sus propias reglas?
La bolsa no es el problema
O quizá deberíamos decirlo de otra manera:
la bolsa puede ser solamente el síntoma.
Durante semanas hemos observado mercados que han resistido mucho mejor de lo que numerosos analistas esperaban.
Eso nos llevó a plantearnos una pregunta desde el principio:
¿Estamos viendo fortaleza real?
¿O estamos viendo un mercado que está siendo sostenido mientras determinadas piezas intentan llegar a una fecha concreta en condiciones aceptables?
No tenemos todavía una respuesta definitiva.
Y precisamente por eso no debemos inventarla.
Pero hay algo que sí sabemos.
La situación fiscal estadounidense es extremadamente exigente, los costes de financiación están aumentando y los mercados internacionales están reaccionando a una combinación de deuda, inflación, energía, política monetaria y tensiones geopolíticas.
Y todo esto ocurre antes de las elecciones de noviembre.
Las elecciones son solamente una fecha
Aquí volvemos al punto donde comenzamos.
Las elecciones estadounidenses tienen una fecha.
3 de noviembre de 2026.
Pero los procesos económicos, políticos y sociales que desembocan en ellas llevan mucho tiempo desarrollándose.
Por eso nuestra investigación nunca pretendió responder únicamente a una pregunta tan sencilla como:
«¿Quién va a ganar?»
Eso sería casi lo menos interesante.
La pregunta que realmente nos interesa es:
¿En qué condiciones llegará Estados Unidos a las elecciones y qué consecuencias tendrá lo que ocurra después?
Porque puede suceder algo todavía más importante.
Que el verdadero acontecimiento no sean las elecciones.
Que las elecciones sean simplemente el punto de inflexión.
Y aquí termina una investigación para comenzar otra
Durante estas semanas hemos estudiado la carta de las elecciones hemos introducido la astro cartografía y hemos incorporado al análisis a Scott Bessent y a Kevin Warsh.
Pero ahora estamos llegando a un territorio diferente.
La economía mundial después de las elecciones.
Ese será nuestro próximo trabajo.
Y esta vez la pregunta no será quién gana.
Ni siquiera será qué partido consigue más votos.
La pregunta será mucho más incómoda:
¿Cómo queda la economía mundial después denoviembre?
Porque si Estados Unidos tiene que enfrentarse a una deuda que ya ha superado los 40 billones de dólares, a unos costes de financiación elevados, a una situación monetaria compleja y a mercados internacionales cada vez más sensibles, las consecuencias no se quedarán dentro de sus fronteras.
Y ahí sí entraremos directamente en algo que nos va a afectar a todos.
A los grandes inversores.
A los pequeños inversores.
A las empresas.
A los trabajadores, autónomos y como no, a los jubilados.
Un último capítulo pendiente.
Pero antes de cerrar definitivamente esta investigación tenemos una última tarea.
La carta astral de las elecciones.
Ya hemos realizado una primera aproximación y hemos mostrado parte de sus elementos.
Ahora queremos dedicar un pequeño apéndice exclusivamente a ella.
Será un trabajo más concreto.
Observaremos las posiciones planetarias del momento electoral, los aspectos principales y, especialmente, aquellos elementos que puedan tener relación con todo lo que hemos venido estudiando.
No pretendemos convertir la astrología en una máquina de adivinar resultados.
Pretendemos algo bastante más interesante:
comprobar qué nos muestra el cielo cuando llega el momento que llevamos semanas investigando.
Y después podremos cerrar esta investigación.
Pero solamente para abrir la siguiente.
Porque quizá la pregunta más importante no sea quién gana las elecciones de Estados Unidos.
Quizá sea otra:
¿Qué mundo económico nos encontraremos cuando hayan terminado?

