Oro financiero: ETF y otras formas de tener exposición al oro

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En los dos artículos anteriores hemos hablado del dinero y del oro físico.

Hemos visto qué significa comprar lingotes o monedas, qué diferencia existe entre el oro de inversión y una joya, cuánto podemos pagar realmente por nuestro oro y cuáles son algunos de los riesgos que debemos tener en cuenta.

Pero existe otra posibilidad.

Podemos tener exposición al precio del oro sin tener físicamente el oro en nuestras manos.

Y aquí entramos en el mundo de los productos financieros.

¿Qué es un ETF?

Las siglas ETF vienen de Exchange Traded Fund, es decir, fondo cotizado.

Explicado de una manera muy sencilla, es un producto que podemos comprar y vender en un mercado financiero, de una forma parecida a como compramos y vendemos una acción.

La gran diferencia es que, en lugar de comprar directamente una empresa, estamos adquiriendo una participación en un vehículo que trata de seguir la evolución de un determinado activo, índice o mercado.

Por eso existen productos que buscan seguir la evolución del oro.

Desde nuestro punto de vista, la principal ventaja es evidente:

no tenemos que comprar un lingote, transportarlo, guardarlo ni preocuparnos directamente por su seguridad física.

Podemos adquirir una exposición al oro desde nuestra cuenta de inversión y venderla cuando queramos dentro de las condiciones y horarios del mercado en el que cotice.

Es cómodo.

Es rápido.

Y, en determinadas circunstancias, puede resultar más sencillo que comprar y custodiar oro físico.

Pero hay una diferencia fundamental

Cuando compramos un lingote de oro de inversión y lo tenemos correctamente identificado y bajo nuestra custodia, tenemos un bien físico.

Ese oro existe.

Está en algún lugar.

Puede estar en nuestra casa, en una caja de seguridad o en una instalación profesional de custodia.

Si está correctamente custodiado, sabemos qué tenemos y dónde está.

En cambio, cuando compramos un producto financiero que nos proporciona exposición al oro, no estamos haciendo exactamente lo mismo.

Estamos adquiriendo un instrumento financiero cuyo valor está relacionado con el oro.

Y aquí es donde debemos empezar a hacer preguntas.

¿Qué hay detrás del producto?

Esta es probablemente la pregunta más importante.

No todos los productos que se anuncian como una forma de invertir en oro tienen exactamente la misma estructura.

Algunos productos pueden estar respaldados por oro físico almacenado por una entidad especializada.

Otros pueden utilizar diferentes mecanismos financieros para reproducir la evolución del precio del oro.

Y aquí aparece una distinción que conviene conocer.

En Europa, muchos productos que ofrecen exposición directa a una materia prima como el oro se comercializan como ETC —Exchange Traded Commodity—, que técnicamente no son fondos de inversión, sino instrumentos de deuda cotizados. ESMA señala expresamente esta diferencia.

Para el pequeño inversor, esto puede parecer una cuestión puramente técnica.

No lo es.

Porque la estructura jurídica y financiera del producto determina también qué riesgos estamos asumiendo.

Por eso nunca deberíamos comprar un producto simplemente porque en su nombre aparezca la palabra «oro».

Hay que saber qué estamos comprando.

Las ventajas del oro financiero

La comodidad es probablemente la primera.

No necesitamos tener un lingote en casa.

No necesitamos contratar directamente una caja de seguridad.

No tenemos que preocuparnos de transportar el oro.

Y podemos comprar o vender cantidades relativamente pequeñas de una forma sencilla.

Además, al cotizar en un mercado, podemos conocer su precio y operar durante el horario de negociación correspondiente. La CNMV explica precisamente que los ETF se negocian en bolsa de forma similar a las acciones.

Otra ventaja es la liquidez.

En condiciones normales de mercado, podemos vender nuestra posición sin tener que encontrar personalmente a un comprador para nuestro lingote o nuestra moneda.

Y eso es importante.

Porque una cosa es tener algo de valor y otra muy diferente es poder convertirlo rápidamente en dinero.

Pero la comodidad tiene un precio

Y aquí es donde debemos detenernos.

Cuando tenemos oro físico, asumimos unos riesgos muy concretos: robo, pérdida, custodia, seguro, falsificación o dificultades para vender.

Pero también tenemos una característica muy importante:

el oro es un bien físico que podemos poseer directamente.

Con un producto financiero, desaparecen algunos de esos problemas, pero aparecen otros.

Tenemos riesgo de mercado.

Tenemos riesgo de liquidez.

Tenemos los costes del propio producto.

Y, dependiendo de su estructura, pueden existir riesgos relacionados con el emisor, la contraparte, la custodia del oro o el mecanismo utilizado para reproducir su precio.

La propia CNMV recuerda que cualquier ETF incorpora riesgo de mercado y que pueden existir desviaciones respecto al activo o índice que pretende replicar.

¿Y qué ocurre si llega una gran crisis?

Aquí encontramos una de las diferencias que más nos interesa destacar en esta serie.

Imaginemos un escenario extremo:

una crisis financiera muy importante, una caída brusca de las bolsas, problemas de liquidez y mercados funcionando de manera anormal.

Esto no significa automáticamente que un producto financiero respaldado por oro vaya a desaparecer ni que el precio del oro tenga que caer.

Pero sí significa que estamos dentro del sistema financiero.

Dependemos de que exista un mercado operativo en el que podamos comprar o vender.

Podemos encontrarnos con una fuerte volatilidad.

Con una menor liquidez.

Con diferencias importantes entre el precio al que alguien está dispuesto a comprar y el precio al que alguien está dispuesto a vender.

Incluso pueden producirse interrupciones temporales de negociación.

En situaciones normales esto puede parecernos un problema menor.

En una crisis importante puede ser decisivo.

La CNMV define precisamente el riesgo de liquidez como la posibilidad de sufrir una penalización en el precio al intentar vender rápidamente y señala que, en situaciones extremas, puede llegar a ser imposible recuperar la inversión en el momento deseado.

Y aquí aparece una diferencia fundamental con el oro físico.

Oro físico frente a oro financiero

Podríamos resumirlo de una manera muy sencilla.

Oro físico:

Tenemos un bien material.

Podemos custodiarlo nosotros mismos o recurrir a una empresa especializada.

No necesitamos que una bolsa esté abierta para saber que nuestro lingote o nuestra moneda existen.

Pero debemos preocuparnos por su seguridad, custodia, seguro y posterior venta.

Oro financiero:

No necesitamos almacenar físicamente el metal.

La compra y la venta son mucho más cómodas.

Podemos acceder al precio del oro de una manera sencilla.

Pero nuestra posición está integrada en una estructura financiera y dependemos de sus reglas, sus intermediarios, su liquidez y su funcionamiento.

Ninguna de las dos opciones es perfecta.

Son formas diferentes de tener exposición al oro y, por tanto, formas diferentes de asumir riesgos.

Entonces, ¿cuál es mejor?

Esta serie no pretende responder a esa pregunta.

Y tampoco vamos a recomendar un ETF, un ETC, una empresa de custodia ni ningún producto concreto.

Lo que queremos es que, cuando alguien nos hable de «invertir en oro», sepamos que esa expresión puede esconder realidades muy diferentes.

No es lo mismo tener una moneda en una caja de seguridad que tener una participación en un producto financiero que sigue el precio del oro.

El objetivo puede parecer el mismo: tener oro.

Pero la forma de hacerlo, los derechos que tenemos y los riesgos que asumimos pueden ser completamente diferentes.

Y esa diferencia es precisamente la que debemos conocer antes de poner nuestro dinero en cualquier producto.

Porque, una vez más, en Proteger el dinero no queremos enseñarte a ganar dinero.

Queremos ayudarte a entender dónde está tu dinero, qué estás comprando y qué puede ocurrir con él cuando las cosas dejan de funcionar como esperamos.

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