
Hay ocasiones en las que uno encuentra en el cielo una de esas sutilezas que hacen que la astrología mundana resulte especialmente interesante.
Y esta es una de ellas.
El pasado 12 de agosto tuvimos un eclipse solar total en 20°02′ de Leo. En la tradición astrológica clásica, el grado de un eclipse no se considera un punto que desaparece simplemente cuando termina el oscurecimiento. Ese grado permanece como una zona sensible, susceptible de ser activada posteriormente por el tránsito de otros planetas. Ptolomeo ya utilizaba esos contactos posteriores para determinar momentos de intensificación de los acontecimientos relacionados con el eclipse.
Y ahora aparece Júpiter.
El planeta que la tradición llama el Gran Benefactor se encuentra estos días atravesando precisamente ese territorio. Entre el 3 y el 4 de octubre, Júpiter alcanza los 20 grados de Leo, prácticamente sobre el mismo grado en el que se produjo el eclipse. El 4 de octubre se encuentra alrededor de 20°06′-20°08′ de Leo.
Pero aquí está la cuestión.
Júpiter no siempre arregla las cosas. Júpiter las amplifica.
Y esa diferencia es fundamental.
Cuando Júpiter toca un punto natal, mundano o de eclipse, puede proporcionar crecimiento, protección, apertura, riqueza, reconocimiento, justicia o expansión. Pero también puede hacer que aquello que ya estaba ocurriendo adquiera una dimensión mucho mayor.
Por eso hablar de «el pecado de Júpiter» puede resultar bastante apropiado.
Porque imaginemos que el eclipse dejó planteado un problema, una tensión, una situación política, económica o social determinada.
¿Qué hace Júpiter cuando llega allí?
Puede ayudar.
Pero también puede decir:
«Muy bien, vamos a hacer esto un poco más grande».
Y aquí aparece una de esas curiosidades de la tradición que me parecen fascinantes. Bonatti llega a señalar una aparente paradoja: los planetas benéficos pueden disminuir determinados daños, pero su intervención también puede aumentar aquello que ya está manifestándose.
De ahí que no me interese tanto preguntar si Júpiter traerá algo «bueno» o «malo».
La pregunta correcta es otra:
¿Qué va a hacer crecer?
Porque Júpiter es expansión.
Y cuando esa expansión se produce exactamente sobre el grado de un eclipse solar tan reciente como el del 12 de agosto, merece la pena mirar hacia atrás y observar qué asuntos comenzaron a moverse entonces.
El 4 de octubre, Júpiter estará prácticamente encima de ese grado.
Así que ya tenemos una fecha para observar.
No para adivinar.
No para decretar acontecimientos.
Simplemente para mirar al cielo y comprobar qué sucede cuando el Gran Benefactor entra por la puerta que dejó abierta un eclipse.
Y quizá descubramos que el pecado de Júpiter no consiste en hacer daño.
Quizá consista, sencillamente, en hacerlo todo mucho más grande.

