
Marte está a punto de entrar en Leo.
Según los cálculos astrológicos, el ingreso se produce en la madrugada del 28 de septiembre, y Marte permanecerá en Leo durante una primera etapa de este largo ciclo.
Marte es el dios de la guerra. Lo hemos dicho tantas veces que casi parece una frase hecha. Pero quizá hemos reducido demasiado a Marte cuando pensamos solamente en espadas, batallas, soldados y ejércitos.
Porque la guerra tiene una característica terrible:
no siempre mata mientras se lucha.
A veces mata cuando ya se ha perdido.
Y, en ocasiones, precisamente cuando los hombres abandonan el campo de batalla buscando salvar la vida.
No estoy diciendo que Marte en Leo vaya a provocar determinadas guerras. Eso sería convertir la astrología simbólica en una predicción mecánica que no tiene sentido. Lo que me interesa es otra cosa: la imagen de Marte cuando el orgullo, la voluntad, la lucha y la supervivencia llegan al límite.
Y la historia está llena de ejemplos.
Los hombres de Saladino y la muerte de la sed
Uno de los más impresionantes ocurrió en 1187, en la batalla de Hattin.
El ejército cruzado se encontraba exhausto y desesperado por conseguir agua. Saladin había colocado sus fuerzas de forma que los cruzados quedaran separados de las fuentes disponibles. Durante la noche sufrieron además el calor, el humo y el hostigamiento constante. Al día siguiente intentaron avanzar hacia el agua, pero el ejército musulmán bloqueó las rutas y muchos terminaron muertos, heridos o prisioneros.
Aquí está la paradoja que me interesa:
aquellos hombres no encontraron la muerte simplemente porque entraron en batalla.
La encontraron intentando salir de una situación que ya era insostenible.
El campo de batalla se había convertido en una trampa y el camino hacia la salvación, en otro campo de muerte.
Napoleón descubre que abandonar Rusia tampoco significa salvarse
Más de seis siglos después encontramos otro ejemplo extraordinario.
Napoleón llegó a Moscú y tuvo que emprender la retirada de Rusia. Lo que siguió fue una de las grandes catástrofes militares de la historia.
Hambre, frío, agotamiento, enfermedades y falta de suministros acompañaron a la Grande Armée durante la retirada. Investigaciones recientes han encontrado en los restos de soldados franceses evidencias de varias infecciones, además de las ya conocidas consecuencias del frío, la desnutrición y las pésimas condiciones sanitarias. Se estima que alrededor de 300.000 soldados murieron durante aquella campaña y su retirada.
Aquí Marte vuelve a mostrarnos su rostro más curioso.
El hombre sobrevive a la batalla…
y después puede morir caminando hacia casa.
Afganistán: salir de Kabul fue más peligroso que entrar
Otro ejemplo estremecedor ocurrió en 1842, durante la retirada británica de Kabul.
Una columna formada por unos 4.500 soldados y alrededor de 14.000 civiles emprendió el camino hacia Jalalabad. El invierno afgano, la nieve, el hambre, las enfermedades y los ataques constantes fueron destruyendo aquella columna durante la marcha. Muchos murieron de exposición al frío, congelación o inanición, además de quienes cayeron en los enfrentamientos.
De más de 16.000 personas que abandonaron Kabul, solamente un europeo, el médico William Brydon, llegó a Jalalabad.
Es difícil encontrar una imagen más perfecta de esta idea:
el ejército abandona el campo de batalla para salvarse y encuentra la muerte en el camino.
Y podríamos seguir
Algo parecido ocurrió durante la retirada aliada de Birmania en 1942. La retirada hacia la India atravesó cientos de kilómetros de jungla, enfermedades, agotamiento y enormes dificultades logísticas. El propio historial militar estadounidense describe aquella retirada como el primer gran acontecimiento del teatro China-Birmania-India y como una retirada extraordinariamente dura.
Y en este punto conviene hacer una precisión sobre el ejemplo alemán que todos tenemos en la cabeza.
Cuando hablamos de los alemanes en Rusia solemos pensar inmediatamente en Stalingrado, pero allí no estamos ante una simple retirada: el 6.º Ejército quedó cercado y murió en gran número por hambre, frío, enfermedades y combate.
La gran retirada alemana de Rusia vendría después y también estaría acompañada de enormes pérdidas.
Por eso quizá la imagen más exacta no sea:
“Marte mata en la guerra.”
Sino ésta:
“Marte comienza la guerra, pero la guerra puede seguir matando mucho después de que las armas hayan dejado de disparar.”
Y esto me lleva de nuevo a Leo.
Porque Marte en Leo no es un Marte silencioso.
Es un Marte orgulloso, ardiente, teatral, dispuesto a ocupar el centro del escenario y a demostrar quién manda. Es la voluntad que quiere vencer, imponerse, conquistar y no parecer débil. La tradición astrológica asocia este tránsito con una acción más orgullosa, directa y espectacular.
Pero precisamente por eso me interesa la otra cara.
¿Qué ocurre cuando el orgullo obliga al hombre a mantenerse luchando demasiado tiempo?
¿Y qué ocurre cuando, finalmente, tiene que abandonar el campo de batalla?
Quizá entonces aparezca la verdadera lección de Marte:
No siempre es peligroso el momento en que se levanta la espada.
A veces lo verdaderamente peligroso es el camino de regreso.
Porque hay batallas que se pierden en un día.
Pero algunas guerras continúan matando durante meses o incluso años.
Y eso, amigos míos, es algo que Marte conoce perfectamente.
Por eso, cuando mañana el dios de la guerra entre en la casa del León, quizá no tengamos que preguntarnos solamente contra quién vamos a luchar.
Tal vez debamos preguntarnos algo mucho más incómodo:
¿Sabremos cuándo ha llegado el momento de abandonar el campo de batalla?

