El oro no es solo oro: lo que debemos saber antes de comprarlo

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Si quiero tener oro, ¿qué puedo comprar realmente?

Hablar de oro se ha convertido en algo relativamente habitual.

Cuando aparecen la inflación, la incertidumbre económica, las dudas sobre la estabilidad de las monedas o simplemente el temor a que nuestro dinero pierda poder adquisitivo, el oro vuelve a aparecer como una posible alternativa.

Pero hay una pregunta que pocas veces nos hacemos:

Si quiero tener oro, ¿qué puedo comprar realmente?

Porque comprar oro no consiste simplemente en entrar en un establecimiento, entregar nuestro dinero y salir con algo amarillo en la mano.

Hay diferentes formas de hacerlo y, sobre todo, existen diferencias importantes entre unas y otras.

Y conocerlas es fundamental.

Lingotes, monedas y oro de inversión

La primera posibilidad que probablemente nos venga a la cabeza son los lingotes.

Pueden encontrarse en diferentes tamaños y pesos. Desde pequeñas piezas que permiten realizar una adquisición relativamente modesta hasta lingotes de mayor tamaño, destinados normalmente a operaciones de mayor importe.

Aquí aparece ya una primera cuestión importante:

cuanto menor es la cantidad de oro que compramos, normalmente mayor puede ser el coste adicional que pagamos sobre el valor del metal.

Ese coste adicional es la llamada prima.

Por eso no debemos mirar únicamente cuánto vale el oro en ese momento. Tenemos que saber cuánto nos están cobrando realmente por adquirirlo.

Algo parecido sucede con las monedas de oro.

Existen monedas que tienen consideración de oro de inversión y otras que pueden incorporar elementos relacionados con la numismática, la colección o simplemente con su diseño.

No todo lo que contiene oro es automáticamente «oro de inversión».

La legislación española establece unos requisitos concretos para que determinados lingotes, láminas y monedas tengan esa consideración. Entre otras condiciones, los lingotes o láminas deben alcanzar una ley mínima de 995 milésimas, mientras que las monedas deben cumplir determinados requisitos legales.

Y aquí llegamos a una distinción que conviene tener muy clara.

Oro de inversión no es lo mismo que una joya

Una pulsera puede ser de oro.

Un anillo puede ser de oro.

Un reloj puede contener oro.

Pero eso no significa que estemos comprando oro de inversión.

Cuando compramos una joya estamos pagando muchas cosas además del metal: diseño, fabricación, trabajo del joyero, marca, acabado y, en algunos casos, elementos artísticos o comerciales.

Por eso existe una diferencia fundamental:

la joyería es para comprar joyas, no para comprar oro como forma de preservar patrimonio.

No significa que una joya no pueda tener valor.

Significa que estamos hablando de cosas diferentes.

Si nuestro objetivo es adquirir oro por su contenido metálico y como activo, debemos buscar productos específicamente destinados a ello.

¿Dónde va a estar nuestro oro?

Esta es otra pregunta que muchas veces olvidamos.

Porque una cosa es comprar oro y otra muy distinta es decidir dónde va a estar ese oro después de comprarlo.

Podemos tenerlo nosotros.

Eso significa que asumimos directamente su custodia. Tenemos el control, sabemos dónde está y no dependemos de un tercero para acceder físicamente a él.

Pero también asumimos nosotros los riesgos.

Robo.

Pérdida.

Daños.

Y la responsabilidad de mantenerlo protegido.

La otra posibilidad es recurrir a un sistema de custodia profesional.

En ese caso, el oro permanece almacenado en instalaciones especializadas y la custodia corre a cargo de un tercero.

Esto puede aportar determinadas ventajas, pero también tiene un coste.

Y vuelve a aparecer la misma pregunta que deberíamos hacernos siempre:

¿qué estoy pagando y qué recibo a cambio?

Porque la custodia no es gratuita.

Puede existir una comisión de almacenamiento, una comisión de gestión, un coste de seguro o diferentes gastos asociados a la operación.

Por tanto, cuando alguien nos diga que el oro «está protegido», deberíamos preguntar inmediatamente:

¿Protegido cómo, dónde y por quién?

El precio del oro no es necesariamente el precio que pagamos

Este es probablemente uno de los aspectos más importantes de todo el asunto.

El oro tiene un precio de referencia en los mercados.

Pero nosotros no compramos necesariamente a ese precio.

Entre el precio de referencia y el precio final que pagamos puede existir una diferencia.

Ahí entran la prima, los costes de fabricación, distribución, comercialización y otros gastos.

Y cuando llegue el momento de vender, puede aparecer otra diferencia todavía más importante:

el precio al que nos compran nuestro oro puede ser inferior al precio al que nosotros podemos comprarlo.

Es decir, existe un diferencial entre compra y venta.

Por eso, si adquirimos una pieza de oro por 1.000 euros, no debemos pensar que basta con que el precio del oro suba ligeramente para que automáticamente podamos venderla por más de 1.000 euros.

Primero tendremos que recuperar los costes que hemos soportado al comprarla.

Esto explica por qué la pregunta correcta no es únicamente:

«¿A cuánto está el oro?»

También debemos preguntar:

«¿A cuánto me lo venden?»

Y, todavía más importante:

«¿A cuánto me lo comprarían si quisiera venderlo hoy?»

Ahí es donde muchas veces aparece la verdadera diferencia.

¿Y si compramos pequeñas cantidades?

Comprar pequeñas cantidades puede resultar más accesible para muchas personas.

Pero también puede tener un inconveniente.

Una pieza pequeña puede incorporar proporcionalmente una prima mayor que una pieza de mayor tamaño.

Dicho de una manera sencilla:

no siempre sale igual de caro comprar diez pequeñas piezas que una pieza diez veces mayor.

Pero tampoco significa que debamos comprar un gran lingote.

Un lingote grande puede resultar más eficiente en determinados costes, pero requiere disponer de una cantidad importante de dinero y puede resultar menos cómodo si posteriormente queremos vender solamente una parte.

Por eso tampoco existe una única respuesta.

Dependerá de cuánto queremos adquirir, durante cuánto tiempo pensamos mantenerlo y qué facilidad queremos tener para venderlo posteriormente.

Y aquí aparece el verdadero riesgo

Cuando hablamos de oro solemos hablar de sus virtudes.

Pero en Observatorio queremos hablar también de sus riesgos.

Porque comprar oro no significa automáticamente estar protegido.

Tenemos que considerar, como mínimo:

  • La prima que pagamos.
  • Las comisiones.
  • Los costes de custodia.
  • El seguro, cuando corresponda.
  • La facilidad real para vender.
  • La diferencia entre el precio de compra y el de venta.
  • La posibilidad de falsificaciones.
  • La documentación que acredita la adquisición.
  • Y la fiscalidad.

Una pieza puede parecer barata y no serlo.

Una pieza puede parecer una oportunidad y no serlo.

Y una oferta puede parecer extraordinaria precisamente porque no hemos preguntado dónde está el problema.

¿Y los impuestos?

También aquí conviene hacer una pequeña aclaración.

El oro de inversión tiene en España un régimen específico en materia de IVA y las entregas de oro de inversión que cumplen los requisitos legales están exentas de este impuesto.

Pero eso no significa que una eventual ganancia obtenida al vender ese oro quede automáticamente fuera de la fiscalidad.

La normativa del IRPF establece, con carácter general, que las ganancias o pérdidas patrimoniales derivadas de la transmisión de un bien se calculan por la diferencia entre su valor de adquisición y su valor de transmisión, teniendo en cuenta las reglas fiscales correspondientes.

Por eso es fundamental guardar las facturas y la documentación de nuestras compras.

No solamente para demostrar qué hemos comprado.

También para poder acreditar cuánto nos costó cuando llegue el momento de vender.

¿Y dónde compramos?

Aquí vamos a hacer algo deliberadamente distinto de lo que probablemente encontréis en muchos artículos de internet.

No vamos a recomendar ninguna empresa concreta.

No vamos a decir dónde comprar oro.

No vamos a publicar nombres ni enlaces comerciales.

En Observatorio Tesalia conocemos desde hace años determinados establecimientos especializados y de reconocido prestigio, lugares

en los que confiamos, básicamente porque llevamos casi 4 décadas, trabajando conjuntamente. Pero esa información forma parte de los servicios que reservamos para nuestros clientes. Cuando es un momento adecuado, en su procesó personal, no solamente viendo precios del mercado.

Lo que sí queremos hacer aquí es proporcionaros las herramientas necesarias para que entendáis qué estáis comprando, qué costes existen y dónde pueden encontrarse los riesgos.

Porque nuestro objetivo no es deciros dónde poner vuestro dinero.

Nuestro objetivo es ayudaros a proteger el dinero que ya tenéis.

Y eso exige información.

No todo termina en el oro físico

Hasta aquí hemos hablado exclusivamente del oro físico.

Lingotes.

Monedas.

Custodia.

Seguridad.

Costes.

Venta.

Fiscalidad.

Pero existe otra forma de tener exposición al precio del oro sin comprar directamente una pieza física.

Son los conocidos ETF y otros productos financieros relacionados con el oro.

Y aquí entramos ya en un terreno diferente, con otra estructura, otros riesgos, otra forma de custodia y otra manera de comprar y vender.

Es un asunto algo más complejo y, precisamente por eso, lo dejaremos para el próximo artículo.

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