Los hijos, las casas derivadas y la navaja suiza — Parte II

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En la primera parte hablábamos de las casas derivadas y de esa curiosa capacidad que tienen para permitirnos observar, dentro de una carta natal, a personajes que aparentemente no están allí.

Una especie de navaja suiza astrológica.

Y como ya comentamos el ejemplo de Urano en casa 5, vamos a cambiar ahora completamente de paisaje.

Imaginemos que en lugar de Urano nos encontramos con Saturno en casa 5.

Aquí la película cambia bastante.

Saturno no suele entrar en escena dando saltos.

Entra con una carpeta bajo el brazo.

Y, si puede ser, con una lista de responsabilidades.

Para una mujer, Saturno en casa 5 puede señalar una experiencia de la maternidad vivida desde un sentido muy fuerte de responsabilidad, exigencia o preocupación. El asunto de los hijos puede ser algo que se toma muy en serio, incluso antes de que estos lleguen.

Y los hijos, a su vez, pueden presentar características saturninas: ser responsables, maduros, prudentes, reservados o dar la sensación de haber nacido con una pequeña dosis adicional de sentido común.

También puede existir una relación que exija esfuerzo, paciencia y aprendizaje.

No estamos diciendo que Saturno sea bueno o malo.

Estamos hablando de una determinada naturaleza.

Y aquí aparece algo que considero mucho más interesante que hacer una lista interminable de significados planetarios.

¿De qué hijo estamos hablando?

Porque cuando utilizamos las casas derivadas, la cuestión empieza a adquirir bastante más precisión.

La casa 5 nos permite estudiar fundamentalmente al primer hijo.

Y esto es importante porque una persona puede tener uno, dos, tres o más hijos, y no necesariamente todos ellos van a responder a la misma descripción.

Existe un sistema de derivación que nos permite localizar al segundo hijo, al tercero y a los siguientes.

No voy a explicarlo aquí porque necesitaríamos entrar en toda la mecánica de las casas derivadas y acabaríamos convirtiendo un artículo divertido en un tratado de geometría astrológica.

Y tampoco es cuestión de castigar al lector.

La idea que me interesa transmitir es mucho más sencilla:

cada hijo puede ser observado desde una posición diferente de la carta.

Y esto explica algo que todos hemos visto en las familias.

Dos hermanos pueden parecerse físicamente y, sin embargo, ser completamente distintos.

Uno puede ser tranquilo.

Otro, una locomotora.

Uno puede necesitar seguridad.

Otro puede necesitar libertad.

Uno puede vivir pendiente de la familia.

Otro puede marcharse a vivir al otro extremo del planeta sin mirar atrás.

Y, desde la astrología, podemos empezar a comprender esas diferencias.

Pero aquí todavía nos queda una vuelta más de tuerca.

Porque la vida familiar actual se ha complicado —o enriquecido, según se mire— bastante.

Hoy es muy frecuente que una pareja se forme cuando uno de los dos, o incluso ambos, ya tienen hijos de relaciones anteriores.

Y entonces tenemos una situación especialmente interesante:

¿qué lugar ocupan esos hijos dentro de la carta de la nueva pareja?

Porque ya no estamos hablando solamente de los hijos que puedan tener juntos.

Estamos hablando también de los hijos que cada uno aporta a esa nueva relación.

Y sí, esto también puede localizarse mediante las casas derivadas.

Aquí la navaja suiza empieza a sacar otra hoja.

Podemos estudiar al hijo propio, al hijo de la pareja y las relaciones que se establecen entre todos ellos.

Y esto puede ser especialmente revelador cuando una persona consulta precisamente por esa nueva estructura familiar:

«Tengo dos hijos, mi pareja tiene uno y ahora vivimos todos juntos.»

Bueno…

Eso ya no es una familia.

Eso es prácticamente una pequeña empresa con problemas de organigrama.

Pero incluso ahí la astrología puede ayudarnos a comprender quién ocupa qué lugar, cómo se establecen los vínculos y qué tipo de dinámica puede desarrollarse entre los distintos miembros.

Y eso es lo que me sigue fascinando de las casas derivadas después de tantos años.

No solamente permiten responder a una pregunta.

Permiten cambiar la pregunta.

Podemos empezar preguntando por nosotros mismos y terminar observando a nuestro hijo, al hijo de nuestra pareja, al segundo hijo, al tercero…

Y cuando creemos que ya hemos terminado, probablemente aparezca el cuñado.

Porque, como ya os advertí:

La carta natal tiene doce casas, pero la navaja suiza viene con bastantes más funciones de las que aparenta.

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