
No sé exactamente por qué se me considera un experto en maldades.
A veces pienso que puede ser porque llevo unos cuarenta años defendiendo una de mis premisas favoritas, una que aprendí y comprobé mucho antes de dedicarme de lleno a la astrología:
Todo el mundo miente.
Los padres mienten a los hijos, naturalmente por su bien.
Los hijos mienten a los padres, naturalmente por el suyo.
Y de ahí podemos ir extrapolando tranquilamente.
Dos ministros del mismo Gobierno dicen dos cosas completamente diferentes sobre el mismo asunto.
Evidentemente, uno de los dos miente.
Pero, para conservar mi reputación, yo tengo una teoría bastante más sencilla:
mienten los dos.
Y si hablamos de personas que han llevado esta disciplina hasta niveles olímpicos, no podemos olvidarnos de nuestro querido amigo Donald Trump.
Trump miente a los aliados, miente a los enemigos, miente a los amigos, miente a los adversarios y, dependiendo del día, hasta puede llegar a contradecir a sus propios votantes.
Así que la pregunta parece bastante razonable:
¿En quién podemos creer?
Yo tengo una solución.
Hace muchos años decidí confiar en alguien bastante más antiguo que todos ellos.
El divino Zeus.
No porque Zeus me vaya a decir quién tiene razón en Washington, ni porque vaya a conseguir que baje la gasolina.
Sino porque me mostró una herramienta que sigo utilizando diariamente: la astrología.
Y aquí hago una pequeña distinción.
Yo puedo equivocarme interpretando una carta.
La carta no miente.
Puede haber un error mío al interpretar un símbolo, naturalmente.
Pero nunca he tenido la necesidad de inventarme lo que aparece en el cielo.
Por eso, cuando recibo una consulta como la que me hicieron ayer —¿qué está pasando realmente dentro de Estados Unidos?—, mi primera reacción no es buscar lo que dice Trump.
Es mirar la carta.
Y esta vez la carta resulta especialmente interesante.
Mientras Trump habla, la Luna observa
Hay algo que debemos recordar cuando hablamos de astrología mundana.
La Luna representa al pueblo.
A la población.
Al ciudadano corriente.
A aquello que siente una sociedad, independientemente de lo que diga su Gobierno.
Y la Luna natal de Estados Unidos se encuentra en la casa I.
Así que vamos a observar qué está ocurriendo con ella.
Porque ahora mismo recibe simultáneamente aspectos de tres planetas lentos:
Urano, Neptuno y Plutón.
Y cuando tres planetas de semejante calibre están tocando a la Luna de un país con aspectos tan estrechos, merece la pena prestar atención.
Urano: lo que viene de fuera altera al ciudadano
Urano está transitando por la casa VII y realiza una oposición a la Luna natal en casa I, con un orbe inferior a un grado.
Esta es, para mí, la pieza más evidente del momento.
La casa VII habla del otro.
De los aliados.
De los enemigos.
De los socios.
De los acuerdos.
De las relaciones internacionales.
De todo aquello que se encuentra frente a nosotros.
Y desde ahí Urano se opone a la Luna.
Es decir:
lo que ocurre fuera repercute directamente sobre el pueblo estadounidense.
Urano no es precisamente un planeta de tranquilidad.
Es cambio brusco, ruptura, sorpresa, acontecimientos inesperados, modificaciones repentinas de las reglas del juego.
Y ahí tenemos a Estados Unidos metido en una permanente sucesión de acontecimientos internacionales.
Irán.
El estrecho de Ormuz.
Venezuela.
Aranceles.
China.
Europa.
Rusia.
Aliados que dejan de comportarse como antes.
Enemigos que cambian de posición.
Acuerdos que duran poco.
Amenazas que aparecen y desaparecen.
Y mientras todo eso sucede en la casa VII, la Luna en casa I recibe el impacto.
El ciudadano termina viviendo en su propia piel las consecuencias de lo que ocurre fuera.
Y aquí aparece una ironía bastante desagradable.
Se puede hablar de grandes victorias geopolíticas.
Se pueden anunciar grandes operaciones.
Se pueden prometer grandes soluciones.
Pero al final el ciudadano hace algo mucho más prosaico:
va a llenar el depósito.
Y ahí las cifras son bastante menos épicas.
La gasolina ronda los 4,10 dólares por galón, frente a los 3,13 dólares de hace un año. Es aproximadamente un 31 % más. AAA señala que el petróleo caro y la inestabilidad en torno al estrecho de Ormuz están presionando los precios.
Y eso empieza a notarse también en el estado de ánimo colectivo: la confianza del consumidor estadounidense ha descendido en agosto a 89,4 puntos, su nivel más bajo en siete meses.
Urano parece tener una curiosa afición por estas contradicciones:
el mundo cambia rápidamente y el ciudadano tiene que adaptarse a lo que otros han decidido.
Plutón: el problema del dinero y del poder
Pero la Luna no solamente está recibiendo la oposición de Urano.
También recibe un sextil de Plutón desde el final de la casa II.
Y aquí aparece otra dimensión.
La casa II habla de recursos, dinero, posesiones, economía, capacidad material y aquello que consideramos necesario para sostener nuestra existencia.
Plutón, por su parte, no hace pequeñas reformas.
Plutón transforma.
Remueve.
Concentra.
Destruye estructuras antiguas y obliga a construir otras nuevas.
Cuando Plutón toca la Luna de una nación desde esta zona de la carta, podemos observar una transformación profunda en la relación entre la población y los recursos.
Y esto es especialmente interesante ahora.
Porque Estados Unidos no está simplemente viviendo una discusión política.
Está viviendo una discusión sobre cuánto cuesta vivir.
Gasolina.
Alimentos.
Vivienda.
Empleo.
Impuestos.
Deuda.
Y la percepción de seguridad económica.
El aspecto es un sextil, por tanto no estamos ante una configuración puramente destructiva.
Hay capacidad de transformación.
Pero Plutón nunca suele regalar los cambios.
Algo tiene que desaparecer para que algo nuevo pueda ocupar su lugar.
Y entonces aparece Neptuno
Y aquí llegamos al aspecto que me parece más curioso.
Neptuno está transitando por la casa IV y forma un trígono con la Luna natal en casa I.
Y esto cambia completamente la película.
Porque un trígono no representa necesariamente conflicto.
Al contrario.
Es un aspecto de fluidez.
De conexión.
De facilidad para establecer una relación entre ambos puntos de la carta.
Neptuno representa el imaginario, los ideales, los sueños, la sensibilidad colectiva, la percepción, la inspiración y también, cuando se exagera, la capacidad de confundir realidad y deseo.
La casa IV representa las raíces.
El hogar.
La tierra.
La patria.
El sentimiento de pertenencia.
Aquello sobre lo que se construye internamente una nación.
Y tenemos, por tanto, a Neptuno en la casa IV conectado armónicamente con la Luna del pueblo.
Esto puede generar algo extraordinariamente poderoso:
una enorme capacidad de identificación emocional con el relato nacional.
El ciudadano no solamente recibe información.
La siente.
La incorpora.
La convierte en una parte de su visión del país.
Y aquí volvemos al principio del artículo.
¿Quién está diciendo la verdad?
¿Quién está mintiendo?
¿Quién está exagerando?
¿Quién está manipulando?
¿Quién está interpretando correctamente los acontecimientos?
Porque Neptuno nos recuerda que una cosa es la realidad objetiva y otra, bastante diferente, la realidad que una sociedad percibe.
Y esa percepción puede ser tan poderosa como la realidad misma.
Tres planetas, tres historias
Así que tenemos una configuración que, a mi juicio, describe muy bien el momento.
Urano en oposición:
el mundo exterior cambia bruscamente y obliga a la población a reaccionar.
Plutón en sextil:
la relación de la población con el dinero, los recursos y el poder está entrando en un proceso de transformación profunda.
Neptuno en trígono:
al mismo tiempo, existe una poderosa conexión emocional entre el pueblo y el imaginario nacional, los ideales y el relato que procede de las propias raíces del país.
Tres planetas lentos.
Tres aspectos diferentes.
Una misma Luna.
El pueblo estadounidense.
Y entonces quizá podamos entender algo que desde Europa muchas veces nos cuesta comprender.
Los estadounidenses no miran el mundo exactamente como nosotros.
Su relación con la política, con el Estado, con el patriotismo, con la libertad individual y con la propia identidad nacional tiene características muy particulares.
Lo que para un europeo puede resultar una posición política absolutamente conservadora, en determinados contextos estadounidenses puede ser percibida de una manera completamente diferente.
Y viceversa.
Por eso no deberíamos intentar interpretar lo que está sucediendo en Estados Unidos exclusivamente con nuestros propios parámetros.
Hay que mirar cómo lo vive el estadounidense.
Y ahí vuelve a aparecer la Luna.
¿Qué está viviendo realmente el ciudadano?
Esta es la cuestión que me interesa.
No lo que dice el presidente.
No lo que dice un ministro.
No lo que dice un periodista.
No lo que dice un partido político.
¿Qué está viviendo el ciudadano?
Porque cuando alguien sale de casa y tiene que pagar más por la gasolina, la astrología puede hablar de Urano, Plutón o Neptuno.
Pero él solamente ve una cifra en el surtidor.
Y cuando esa cifra se repite en el supermercado, en la vivienda o en cualquier otro gasto cotidiano, empieza a producirse algo que ningún discurso político puede controlar completamente:
la experiencia personal.
Y la experiencia personal termina formando el estado de ánimo colectivo.
La Luna.
Por eso me interesa tanto esta configuración.
Porque no estoy diciendo que la astrología me permita saber si Trump miente.
Estoy diciendo algo bastante más modesto:
la carta muestra que el pueblo estadounidense está atravesando un momento extraordinariamente intenso.
Urano le obliga a adaptarse.
Plutón le obliga a transformar su relación con los recursos.
Neptuno le proporciona un enorme componente emocional e idealizado en la percepción de lo que está ocurriendo.
Y los tres actúan simultáneamente sobre la Luna.
Así que, queridos amigos, después de cuarenta años de química y bastantes más de astrología, sigo teniendo el mismo problema:
no sé en quién creer.
Pero cuando los políticos terminan de hablar, cuando los periodistas terminan de discutir y cuando las redes sociales terminan de incendiarse…
Yo tengo una ventaja.
Levanto la cabeza y miro el cielo.
Y Zeus, por ahora, sigue sin cobrarme por decir la verdad.
Y esto no ha terminado
Por cierto, no he querido entrar todavía en otro movimiento que se aproxima y que, astrológicamente, merece un capítulo propio:
Júpiter acercándose a la oposición al Plutón natal de Estados Unidos.
Y después vendrá el tránsito de Plutón sobre su propio Plutón natal.
Eso sí puede dar bastante juego.
Pero esa historia, amigos míos, la dejamos para otro día.
No vaya a ser que Zeus piense que estoy abusando de su confianza.

