Virgo: se acabaron las vacaciones, llegan las facturas

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Andaba yo por la cama —aunque suene un poco extraño decirlo así— en esos momentos indefinidos en los que uno no sabe muy bien si está soñando, recordando, pensando o simplemente flotando entre un mundo y otro.

Ya sabéis a qué me refiero.

Ese territorio extraño que existe entre la vigilia y el sueño, cuando la cabeza sigue funcionando por su cuenta y uno no sabe muy bien quién manda ahí dentro.

Y entonces empezaron las campanas.

Una, dos, tres… cuatro.

«Son los cuartos», pensé.

Así que seguí contando.

Cinco de la mañana.

Bueno, pues ya está. Empieza el día.

Y, casualmente, empieza también un nuevo ciclo solar.

Porque el Sol acababa de entrar en Virgo.

Así que me levanté, fui a por el primer café del día, encendí el ordenador y comprobé lo que sospechaba: efectivamente, el Sol ya estaba en los primeros minutos de Virgo.

Y pensé: ya está aquí Virgo.

Ese signo que, curiosamente, siempre he tenido enfrente.

No en vano soy Piscis.

Mi relación con los Virgo siempre ha sido muy particular. Para empezar, mi padre era Virgo. Recuerdo perfectamente que cuando entrabas en su primer taller, enfrente había un enorme cartel que decía:

«Cada cosa en su lugar y un lugar para cada cosa».

Yo, por aquella época, no tenía ni la más remota idea de astrología y mucho menos sabía qué demonios era un Virgo.

Pero, mira por dónde, la vida tiene estas pequeñas bromas.

Con el tiempo comprendí que aquel cartel era casi una declaración de principios astrológicos.

Después tuve en Barcelona, hace muchos años, un buen amigo Virgo. Lo introduje en la astrología, lo formé y prácticamente lo llevé hasta las puertas de su primer curso de astrología.

Era un hombre encantador.

Pero los tiempos, que tienen la desagradable costumbre de hacer lo que les da la gana, se lo llevaron a los reinos de Hades porque, al parecer, aquello también formaba parte del programa.

Virgo y la vida cotidiana

Virgo nos lleva directamente a lo cotidiano.

Y en mis cursos siempre he intentado unificar criterios para que los estudiantes puedan entender la astrología de una manera sencilla, relacionando los signos con las casas que tienen una afinidad natural.

Por eso hablar de Virgo es hablar también de casa VI.

Y en la casa VI tenemos precisamente eso: lo cotidiano.

El trabajo, por ejemplo.

Pero no el trabajo que hemos elegido libremente, que podemos encontrar representado en la casa X, sino ese otro trabajo que nos proporciona el pan nuestro de cada día y, con un poco de suerte, nos permite pagar las facturas.

Antiguamente, en la casa VI se estudiaba también a los sirvientes, a las personas que estaban al servicio de otras.

Hoy, evidentemente, las cosas han cambiado.

Aunque tampoco tanto.

Porque seguimos teniendo que levantarnos por la mañana, ir a trabajar, cumplir horarios, hacer cosas que no siempre nos apetecen y esperar a fin de mes para comprobar cuánto de nuestro sueldo ha decidido quedarse Hacienda.

Es decir: hemos avanzado muchísimo.

También encontramos en la casa VI otro asunto fundamental: la salud.

Y hay un elemento que cada vez adquiere mayor importancia y que antiguamente tenía otra consideración: los animales domésticos.

En las casas de nuestros pueblos podía haber gallinas, conejos, algún cerdo, perros y todo tipo de animales.

Hoy hemos evolucionado.

Ya no tenemos gallinas en el patio.

Tenemos a Kevin, a Lola, a Thor o a cualquier otro miembro peludo de la familia que duerme en nuestra cama, tiene más juguetes que nosotros y, probablemente, come mejor que algunos humanos.

Así que también podemos observar en la casa VI nuestra relación con las mascotas y, en determinados casos, qué tipo de animales tendemos a incorporar a nuestra vida cotidiana.

Y llega la cosecha

Virgo es también el momento de la recolección.

El campo comienza a recoger aquello que previamente se ha sembrado y trabajado.

La siega del trigo, los cereales, la recogida de determinados frutos y todo ese proceso agrícola que tradicionalmente ha estado asociado a finales del verano y comienzos del otoño.

Virgo es, en definitiva, la cosecha.

Es el momento de recoger el resultado de un trabajo realizado.

Aunque aquí tenemos otra de esas maravillosas adaptaciones que ha hecho la sociedad moderna.

Porque antiguamente llegaba Virgo y se recogía la cosecha.

Hoy llega Virgo y nosotros recogemos…

las facturas.

Es una cosecha bastante menos poética, pero también bastante más segura.

Porque finales de agosto y, sobre todo, comienzos de septiembre tienen poco que ver actualmente con recoger los frutos del trabajo y mucho con empezar a gastar como si el dinero creciera en los árboles.

Los niños han crecido.

La ropa del año pasado ya no sirve.

Los zapatos tampoco.

Las mochilas están destrozadas.

Y, por supuesto, los libros que utilizaron el año pasado, por algún misterioso fenómeno de la naturaleza que todavía no ha conseguido explicar la ciencia, tampoco sirven.

Así que hay que comprar otros.

Libros, cuadernos, uniformes, material escolar, zapatos, mochilas, actividades, transporte…

Y después de todo eso todavía queda lo mejor:

la matrícula emocional de septiembre.

Porque septiembre no solo vacía la cartera.

También nos devuelve de golpe a la realidad.

Se acabó Leo

Y mientras todo esto sucede, el Sol abandona Leo.

Y tengo que decir que este año Leo se ha soltado el pelo.

El Sol estaba en su casa.

En su territorio.

En el signo donde se expresa con fuerza, calor y protagonismo.

Y vaya si se ha notado.

Hemos tenido calor, más calor y, cuando pensábamos que ya no podía hacer más calor, todavía quedaba un poco más.

Y junto al calor han llegado también incendios tremendos en distintos lugares.

Ahora, con la entrada del Sol en Virgo, poco a poco iremos entrando en otra dinámica.

Las temperaturas irán descendiendo progresivamente y la naturaleza comenzará a recuperar su ritmo.

Aunque alguno de vosotros me dirá:

«¿Descendiendo? Pues en mi pueblo no llueve desde hace tres meses».

Bueno.

Todo llegará.

Virgo tampoco hace milagros.

Y entonces llega septiembre

Dentro de unos días muchos terminarán sus vacaciones y volverán al trabajo.

Los niños volverán al colegio.

Los horarios volverán a organizarse.

Las alarmas volverán a sonar.

Y aquellas maravillosas mañanas en las que nadie sabía muy bien qué día de la semana era quedarán definitivamente archivadas.

Eso también es Virgo.

Volver al orden.

Cada cosa en su lugar y un lugar para cada cosa.

Como decía mi padre.

Pero el orden tiene un pequeño inconveniente:

cuesta dinero.

Y aquí aparece esa otra cara de Virgo que no solemos mencionar tanto.

Porque si el signo representa la cosecha, nosotros hemos conseguido convertir septiembre en la época del año en la que cosechamos gastos.

Y no hemos terminado.

Porque tenemos por delante también la evolución de los tipos de interés.

El Banco Central Europeo mantiene actualmente sus tipos oficiales en el 2,25 % para la facilidad de depósito, 2,40 % para las operaciones principales de financiación y 2,65 % para la facilidad marginal de crédito, después de la subida de junio.

La próxima reunión de política monetaria será en septiembre y, posteriormente, habrá nuevas reuniones antes de llegar a febrero de 2027.

Y ya sabemos cómo funciona esto.

Cuando los señores y señoras de las instituciones económicas europeas se reúnen, uno siempre tiene la sensación de que algo está a punto de ocurrir.

Normalmente algo que no mejora precisamente nuestra economía doméstica.

Y si tienes una hipoteca variable, ya sabes lo que significa.

No necesitas que nadie te lo explique.

Lo explica perfectamente el recibo del banco.

Virgo nos devuelve a la realidad

Y así comienza este nuevo ciclo.

El Sol entra en Virgo y nos recuerda que después de la fiesta llega la organización.

Después del verano llega septiembre.

Después de las vacaciones llega el trabajo.

Después de gastar llega la tarjeta.

Después de la tarjeta llega el banco.

Y después del banco…

Bueno, después del banco normalmente llega otra factura.

Eso es Virgo.

La vida cotidiana.

El trabajo.

La salud.

La organización.

La cosecha.

El servicio.

Los animales domésticos.

Los pequeños detalles.

Y también esa maravillosa capacidad que tiene la existencia para recordarnos que, por mucho que nos empeñemos en escapar durante unas semanas, al final siempre volvemos a casa.

Y cuando volvemos a casa, queridos amigos, no nos espera precisamente Jesucristo con los brazos abiertos.

Nos espera el recibo de la luz.

La matrícula del colegio.

La compra del supermercado.

La gasolina.

La hipoteca.

Y una montaña de ropa para lavar.

Así que bienvenido, Virgo.

Se acabaron las vacaciones.

Ahora sí.

Cada cosa en su lugar.

Y un lugar para cada cosa.

Especialmente para las facturas.

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