Seguimos vivos después del eclipse

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Primer fin de semana después del eclipse. Y, visto lo visto, quizá no deberíamos exigirle demasiado al cielo. Bastante ha hecho ya con dejarnos llegar hasta el viernes.

Después de un eclipse y de tantos incendios, uno empieza a pensar que quizá la astrología se está quedando corta en sus previsiones. Pero no. El cielo, como siempre, tiene todavía algunas cosas que decirnos.

Tenemos a Venus en Libra, felizmente instalado en su domicilio, intentando conservar las buenas maneras, la diplomacia, la estética y, si es posible, cierta paz en nuestras relaciones. El problema es que Venus tiene alrededor un ambiente poco recomendable.

Porque acaba de llegar Marte a Cáncer.

Y Marte en Cáncer nunca ha sido, para mí, precisamente un modelo de buen tino. El Dios de la guerra entrando en el territorio de la familia, los recuerdos, las raíces, la sensibilidad y las emociones es una combinación bastante peculiar. Marte quiere luchar, conquistar, avanzar. Cáncer quiere proteger, refugiarse, recordar y, llegado el caso, encerrarse en casa.

Imaginen al guerrero después de una larga batalla.

—¿Y ahora qué hacemos?

—Volvemos a casa.

—¿Y allí?

—Descansamos.

Y aquí aparece el problema: ¿qué hace un guerrero en casa cuando todavía lleva la armadura puesta?

Pues eso es Marte en Cáncer.

Además, Marte acaba de entrar en un signo donde se encuentra en caída. No porque carezca de energía, sino porque la energía marciana no encuentra allí su terreno más cómodo. El guerrero se vuelve emocional, reactivo, protector y, en ocasiones, bastante susceptible. Y cuando Marte se enfada en Cáncer, no siempre ataca de frente. A veces recuerda cosas ocurridas hace quince años.

Y las recuerda con todo lujo de detalles.

Mientras tanto, Venus en Libra intenta mantener la compostura. Pero entre Venus y Marte existe una cuadratura que ya está formando parte de esa especie de cruz cardinal que tenemos sobre el escenario.

Y no está sola.

Saturno y Neptuno siguen jugando su extraño partido en Aries. Saturno intentando poner orden, límites y estructura; Neptuno haciendo lo que Neptuno suele hacer: introducir dudas, confusión, idealizaciones y una cierta tendencia a no saber muy bien dónde termina la realidad y empieza la imaginación.

Venus recibe tensiones desde ese territorio de Aries y, además, tiene enfrente a Marte.

Vamos, que nuestra Venus, aunque esté en su domicilio y tenga todas las ventajas de jugar en casa, tiene unos vecinos bastante molestos.

Pero no todo son malas noticias.

Porque tenemos a Mercurio en Leo acercándose a Júpiter.

Y aquí aparece una imagen bastante más simpática: Mercurio, Hermes para los griegos, visitando a su padre Zeus.

¿Recibirá buenos consejos?

Probablemente.

¿Los escuchará?

Eso ya es otra cuestión.

Mercurio en Leo puede hablar con entusiasmo, seguridad y cierta tendencia a pensar que una buena idea es necesariamente una idea excelente. Y Júpiter en Leo tampoco parece especialmente dispuesto a rebajar el entusiasmo.

Por tanto, durante estos días podemos encontrarnos con conversaciones importantes, noticias, ideas, declaraciones o decisiones que llegan acompañadas de una considerable dosis de confianza.

El problema de recibir consejos de Júpiter es que uno puede salir de la conversación pensando que ha recibido una revelación divina.

Y quizá simplemente le han dicho que no sea tan complicado.

Lo interesante es que Mercurio seguirá avanzando por Leo hasta que, al entrar posteriormente en Virgo, encontrará un territorio mucho más cómodo para analizar, ordenar, clasificar y poner cada cosa en su sitio.

Pero eso será después.

Ahora todavía estamos en Leo.

Y Leo, como sabemos, no suele tener demasiada paciencia con las dudas existenciales.

A todo esto, el Sol continúa avanzando por Leo y durante el fin de semana comienza a aproximarse a la semicuadratura con Venus. No es, desde luego, el aspecto más terrible que puede ofrecernos el cielo, pero teniendo en cuenta el contexto general, tampoco parece que Venus necesitara precisamente más trabajo.

Así que tenemos una escena bastante completa:

Marte acaba de llegar a Cáncer con el uniforme de campaña puesto.

Venus está en Libra intentando mantener la educación.

Saturno y Neptuno siguen en Aries tratando de ponerse de acuerdo sobre si hay que construir el futuro o imaginarlo.

Mercurio visita a Zeus para recibir instrucciones.

Y el Sol, mientras tanto, contempla el espectáculo desde Leo con esa expresión que probablemente todos conocemos:

«Bueno, señores, ¿qué puede salir mal?»

Después del eclipse, probablemente no podíamos pedir mucho más.

El cielo sigue caliente. Literalmente y simbólicamente.

Pero hay una buena noticia: seguimos aquí.

Y eso, después del eclipse, de los incendios y de este pequeño festival de tensiones planetarias, ya empieza a parecer un éxito.

Así que para este primer fin de semana post-eclipse, mi recomendación astrológica es sencilla:

No intentemos arreglar el mundo.

No discutamos con Marte.

No le demos demasiadas responsabilidades a Venus.

Escuchemos a Mercurio cuando vuelva de hablar con su padre Zeus.

Y, sobre todo, si alguien aparece este fin de semana con ganas de iniciar una guerra familiar, recordémosle que Marte acaba de entrar en Cáncer y que quizá lo más prudente sea mandarlo a descansar.

Después de todo, hasta los guerreros necesitan dormir.

Y nosotros también.

Seguimos vivos.

De momento, que no es poco.

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